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Tensegridad: Principio del movimiento en el entrenamiento miofascial

El término tensegridad viene del mundo de la arquitectura, cuando el arquitecto Fuller utilizó un modelo de transmisión de tensiones para explicar cómo construir grandes bóvedas y cúpulas de cristal y acero a mitad del siglo XX. Pero fue uno de sus alumnos, el artista Kenneth Snelson, el primero en poner en acción dichas teorías con la escultura del Dragón (Figura 1).

Escultura Dragón de Snelson que representa la tensegridad
Figura 1: Escultura del Dragón de Snelson.

Para entenderlo mejor, debemos pensar que tensegridad se compone de dos conceptos distintos: tensión e integridad. La característica principal de estas estructuras es su estado de pretensión, dónde cualquier cambio a lo largo de su estructura va a provocar un incremento de tensión que se va a equilibrar con un aumento de compresión (elementos rígidos) y tracción (elementos flexibles) en otro extremo.

La Biotensegridad

De aquí nace el modelo de biotensegridad propuesto por Levin (1982) donde claramente queda reflejada la reacción completa de la estructura ante una acción aislada en uno de sus puntos de tensión (Figura 2) y, que posteriormente le sirvió para describir la columna vertebral como una estructura tensegrítica, que el artista Flemons (2007) representó como escultura (Figura 3).

Entendiendo como tal, al sistema o estructura que posee la capacidad de, una vez recibida una fuerza externa en un punto concreto, disiparla y distribuirla entre todos los elementos que componen el sistema.

Modelo de Levin que representa la tensegridad
Figura 2: Modelo de Levin
Columna vertebral de Flemon representando tensegridad
Figura 3: Columna vertebral por Flemon

El profesor Ingber (1997), siguiendo estas bases arquitectónicas de transmisión de tensiones creo las teorías del equilibrio de fuerzas en la estructura celular. Lo que le llevó a introducir el término mecanotransducción, que ayudaría a entender la tensegridad, definido como mecanismo de señales reguladas por los mecanoreceptores del tejido conectivo que ayuda a la estructura celular a adaptarse a los cambios y, consiguiendo un equilibrio constante de tensiones (lo explicaremos en siguientes posts).

Fascia y tensegridad

Recordemos que en el primer post ‘¿Qué es la Fascia y el tejido miofascial?‘ ya comentamos que la fascia es el ejemplo palpable de que todo en el organismo está conectado. Y, en este sentido, las investigaciones de Huijing (1999) nos muestran que las conexiones mecánicas entre las fibras musculares y el tejido conectivo intramuscular (tejido fascial) juegan un papel importante en la transmisión de la fuerza.

Por tanto, cuando se produce un incremento de tensión en una parte del cuerpo, éste va a responder con cambios de adaptación de tensiones en otra parte diferente. Esta transmisión de fuerzas intenta conseguir un equilibrio constante que ayuda a la estabilidad estructural, ejerciendo una compresión en las articulaciones y, traccionando de la musculatura en direcciones opuestas para contrarrestarse, creando un patrón de fijación distinto al que estaba en un principio.

En este sentido, Pilat (2003) desarrolló un esquema (Figura 4) que refleja la evolución del ciclo vicioso de la disfunción o falta de equilibrio tensional y sus consecuencias para el cuerpo humano sometido a estrés mecánico o emocional prolongado.

Esquema de Pilat sobre la falta de equilibrio tensional
Figura 4: Adaptado de Pilat (2003): Terapias miofasciales: Inducción miofascial. Ed. McGraw-Hill Interamericana

Acción – Tensión – Reacción

Pero la tensegridad no la debemos entender sólo como una reacción ante la disfunción o el dolor. En las acciones deportivas o de la vida diaria, las estructuras blandas del cuerpo y, en este caso, la fascia y los músculos tienen un papel predominante, absorben impactos y redistribuyen fuerzas en las direcciones de sus fibras. Esta es la razón fundamental por la que toda persona debe entender que cada acción que provoque un incremento de tensión en una parte de su cuerpo va a provocar una fuerza contraria en otra parte del mismo induciendo una adaptación de la estructura en su conjunto.

Tensegridad en los ejercicios

Si esto es así, ¿qué pasa ante una de las lacras de nuestra época: el sedentarismo? Pues que esa falta de movimiento produce adaptaciones de tensiones que permitan mantener posturas estáticas durante muchísimo tiempo y, por tanto, ante la inutilización de las capacidades básicas de la unidad muscular (contracción-descontracción), la fascia se endurece y pierde la capacidad de adaptación a los cambios de tensiones y, por tanto, al movimiento. Produciendo restricciones y sensaciones de rigidez que, la mayoría de las veces aparece acompañado de dolor, nos lleva a adoptar posturas anómalas y, que a la alarga van a producir disfunciones articulares y musculares de difícil solución.

Por esta razón, todas las actividades que relacionan cuerpo y mente (Yoga, Taichí, Chiqung, etc…) perduran a lo largo de los años, solucionando las malas alineaciones corporales y las restricciones de movimientos en la población en general. En este sentido, el entrenamiento miofascial comparte objetivos con cada una de estas especialidades, integrando movimientos de alineación y descoaptación articular basados en movimientos donde conseguir un equilibrio de tensiones a lo largo del cuerpo con ejercicios dinámicos que favorecen el alargamiento muscular y la estabilidad articular sin perder la capacidad contráctil de la musculatura implicada, que en todo momento activa la mayor parte del cuerpo. A continuación, mostramos algunos de los movimientos con las líneas de tensión a realizar para favorecer los efectos de la alineación postural, siguiendo los principios de la tensegridad en el cuerpo humano (Figura 5):

Ejercicios miofasciales siguiendo los principios de la tensegridad
Figura 5: Secuencia de movimientos basados en el entrenamiento miofascial

Para profundizar en este tema se recomienda leer los siguientes libros:

  • Guimberteau, J. C., & Armstrong, C. (2015). Architecture of Human Living Fascia: The Extracellular Matrix and Cells Revealed Through Endoscopy. Handspring Publishing.
  • Scarr, G. (2014). Biotensegrity. Handspring Publishing, United Kingdom.

Autor del post:

> David Rodríguez Ruiz

> Profesor de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria

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